¡Quítate de la Vía Perico que ahí Viene el Tren!

Así dice la clásica canción del ilustre Ismael Rivera con el arreglo musical impecable de Rafael Cortijo. Esta es una de las muchas canciones que encabezaron una época única en la cultura Puertorriqueña. Y para aquellos que todavía recuerdan a “Cortijo y su Combo” saben que la música de este grupo siempre presentaba un escenario; una situación de la vida. En el caso del tema “Perico” escuchamos acerca de un muchacho que al parecer se encontraba muy entretenido jugando en las vías de un ferrocarril. A pesar del aviso efusivo del protagonista (que bien pudiera haber sido el conductor del tren o un espectador en la inmediaciones), Perico permaneció en la vía. “¿Porque que no se sale? ¡Mira chico, quítate que viene el tren a toda velocidad!”. De nada valió la buena intención del protagonista. Perico no se benefició del aviso porque era sordo.

[wpvideo DV86v4Px]

Y entre el ritmo sincopado y los tonos mayores de esta rumba se cuenta una muy triste historia. Podemos imaginar que Perico muy probablemente tenía familia, amigos y una comunidad que sufrió su partida. Pero la moraleja de la historia es que tragedias como estas no pueden ser prevenidas asumiendo que todos respondemos a los métodos convencionales de comunicación. Había una peculiaridad en Perico que no era conocida por el espectador. ¿Pero como es que hasta le sabemos el sobrenombre al muchacho pero no conocemos su condición?

Esta alegre canción carga un sentido un tanto revertido a la de la historia del hombre ciego de nacimiento en el capítulo nueve de el evangelio de Juan. Aparentemente se sabia que había “un cieguito de nacimiento” que vivía en la vecindad. Pero todo lo que la gente le interesaba saber de este individuo, (incluyendo los discípulos de Jesús) era si el pecado de este hombre o los de sus padres habían causado el impedimento congénito. Lo curioso del relato es que una vez el hombre es sanado por Jesús ni siquiera los vecinos reconocían el semblante del que solía pedir limosnas en la esquina:

“Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy.” Juan 9:8-9

Hay varias vertientes interpretativas para este suceso. Quizás los vecinos no le pudieron reconocer a causa del asombro de ver al ciego sano. Sin embargo, si tomamos en cuenta el trato despectivo tanto Judío como Greco-Romano a las personas con impedimentos congénitos en esa época (era común en el primer siglo categorizar los impedimentos congénitos como el pago merecido por pecados ocultos en el individuo o su familia) podemos inferir el distanciamiento y rechazo comunitario sufrido por este hombre desde el momento de su nacimiento. ¡Por supuesto que no le reconocían si nunca sacaron tiempo para mirarlo con detenimiento!

Hoy en día vivimos en una sociedad de clasificaciones y etiquetas. Para las personas con algún impedimento todo se resuelve con una etiqueta; la niña hiperactiva, el muchacho autista, el joven Down síndrome, etc. Sinceramente ya no puedo recordar el número de personas que me detiene en la calle cuando camino con mi hija para dejarme saber que los niños con síndrome Down son bien buenos. Y aunque la intención es positiva y solidaria, eso realmente no resuelve nada. Todos los estudios detallan la segregación social que estos individuos experimentan. Realmente viven vidas muy solas. A no ser por la compañía de sus padres, familiares y personal médico, por lo general las personas con dichas condiciones carecen de amistades. Me seria mucho mas alentador saber que el joven/la joven que tú conoces con síndrome Down piensa que tu eres buen@ con él o ella. El que la persona pueda decir eso de ti significa que tu has pasado tiempo de calidad con el o ella.

Tengamos cuidado de no ser como el espectador de la canción “Perico”. Por lo menos, los que profesamos la fe Cristiana estamos llamados a trascender lo superficial de las etiquetas con hermandad y empatía activa. Así que saca tiempo para descubrir los “Pericos” en tu comunidad. ¡Llámalos! Visítalos! Háblales aunque no te correspondan! ¡Gánatelos poco a poco! ¡Sácalos a la playa o al parque o a comer! ¡Inventa! Pues aunque las intenciones de Ismael Rivera eran buenas, este nunca sacó tiempo para descubrir lo peculiar de Perico. Si no tomamos acción también podemos terminar lamentándonos y diciendo:

“…si yo llego a saber que Perico era sordo…….” Etuaje

 

Posted by: Samuel L. Caraballo
Samuel is the President & Founder of Toda Habilidad Inc. He is the proud parent of a child with intelectual disabilities. He is passionate about issues related to disability inclusion and community organizing. He blogs frequently at www.corriendoparaganar.com

Samuel es el Presidente y Fundador del Toda Habilidad Inc. Padre de una hermosa niña con necesidades especiales. Apasionado por la inclusión y la igualdad para las personas con discapacidades. El publica artículo frecuentemente en su blog www.corriendoparaganar.com

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *